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Miércoles 24/07/2024  

El Loco de la salina

Cero patatero en historia

Esa entrada en La Isla por el Puente Zuazo tendría que ser grandiosa, explosiva, llamativa, apabullante, histórica, para no echar gota

Publicado: 21/01/2024 ·
19:49
· Actualizado: 21/01/2024 · 19:49
Autor

Paco Melero

Licenciado en Filología Hispánica y con un punto de locura por la Lengua Latina y su evolución hasta nuestros días.

El Loco de la salina

Tengo una pregunta que a veces me tortura: estoy loco yo o los locos son los demás. Albert Einstein

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Llevamos mucho tiempo diciendo que la entrada a La Isla por el Puente Zuazo es de Juzgado de guardia. Y digo La Isla, porque para empezar ya es vergonzoso decir San Fernando teniendo que soportar en nuestros labios el nombre de Fernando VII, uno de los mayores traidores y golfos de nuestra historia, y no tiradme de la lengua. A los locos nadie nos hace ni pajolero caso, y será porque, como estamos volados, nada más que decimos pamplinas. Y es verdad, lo reconozco. Si no fuera así, no estaríamos encerrados en este manicomio. Lo que pasa es que entre pamplina y pamplina soltamos alguna otra cosita razonable producto del montón de pastillas que nos metemos entre ceja y ceja.

Hasta el Defensor del Pueblo ha tenido que saltar sobre el tema, porque dice que ha recibido quejas de todos los colores. Y ya ha aconsejado a los Ayuntamientos de La Isla y de Puerto Real que hay que apostar por la promoción pública del valor histórico y natural del Sitio Histórico del Puente Zuazo y su entorno. Todo esto lo dice sin calcular el gran número de analfabetos que habitan esta tierra y que hasta presumen de estar a dos velas en conocimientos de Historia. Se pasa el Puente y ya lo del término municipal es otra historia. Resulta que voy a comprar a Leroy Merlín, o a pasarle al coche la ITV, y lo que estoy haciendo es ir a Puerto Real. Incluso a la colonia de gatos que hay nada más terminar de pisar el Puente Zuazo se les nota en los ojitos que son de La Isla. Pues, no. Respiran y viven en Puerto Real, aunque alimentados y protegidos por cañaíllas voluntarios.

Por otra parte, llama la atención el que Chiclana no cuente para nada en toda esta película. Siempre se deja a un lado a nuestra vecina Chiclana, que además de producir la sal que La Isla no produce, sigue creando nuevos hoteles, cosa que La Isla tampoco crea, y para colmo luce con orgullo su propia ruta napoleónica, porque el francés se cobijó entre sus pinares.

Todos los pueblos explotan y venden lo mucho o poco que tienen. La Isla tiene una exageración de valores históricos locales y nacionales, pero es como el que tiene un tío en América. No sé si alguien le habrá comentado al Defensor que cerca del Puente Zuazo, lo que hay es una triste bandera que demasiado hace con soportar el levante. Y debajo sobrevive entre hierbajos y jaramagos una placa de mármol que recuerda la importancia del sitio, pero que tiene las letras conmemorativas tan gastadas que es un martirio leerlas.

Esa entrada en La Isla por el Puente Zuazo tendría que ser grandiosa, explosiva, llamativa, apabullante, histórica, para no echar gota y para quitarse el sombrero. Sin embargo es una entrada capaz de sonrojar al mismísimo Napoleón, si pudiera volver, que no lo va a hacer, porque tendría que hablar primero con los delincuentes independentistas y él no se rebajaría. Es verdad que en ese entorno se ha gastado mucha pasta, y también lo es que los vándalos no paran de castigar el sitio, pero el que llega a La Isla y divisa el Puente romano tendría que ver en letras grandes que entra en el paraíso codiciado por Napoleón y no conseguido pese a su poderío.

Sin embargo los que llegan ven lo que hay desde el nuevo puente, y, si no aceleran para quitarse de en medio, es porque hay un control de velocidad en tramo que te casca una buena multa.

¿Cuándo llegará la solución? Misterio.

 

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