Por un planeta verde

Publicado: 14/04/2024
Autor

Francisco Fernández Frías

Miembro fundador de la AA.CC. Componente de la Tertulia Cultural La clave. Autor del libro La primavera ansiada y de numerosos relatos y artículos difundidos en distintos medios

Desde el campanario

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A lo mejor si nos hubieran avisado con esos cartelitos tan monos que tenéis por toda la tienda la cosa hubiera cambiado
Hace la tira de tiempo que venimos escuchando el daño que la polución ambiental está ocasionando al planeta. No sabría fijar un punto de partida, pero buscando referencias que me refresquen la memoria, recuerdo que en 2008 cuando la Olimpiada de Pekín, los ecologistas pusieron el grito en el cielo alarmados por la designación de esa ciudad tan contaminada como sede de las pruebas atléticas. Todavía estoy viendo las portadas de prensa y las ventanas de los telediarios decoradas con imágenes de chinos en bicicleta, protegidos con mascarillas quirúrgicas, y sobre ellos una impenetrable bóveda gris pizarra a título de cielo, rozando sus sombreros cónicos.Aun así, estoy seguro de que la intoxicación atmosférica es pretérita a esos envidiables retratos tropicales de la China descrita. Hasta el punto de que la primera evidencia del deterioro ambiental la sitúa la ciencia en el año 1540 sobre las huellas de un glacial en los Andes peruanos. O sea. Casi trescientos años antes de la Revolución Industrial. El dato me parece algo exagerado y como dirían el Selu y sus Borrachos, “tampoco es pa ponerse ajín”. Para mi que esto es más actual. Más de ahora. Al menos en la proliferación del problema y sus consecuencias. Aunque mirándolo bien, los jóvenes contemplan el asunto de forma muy distinta. Lo digo por una conversación que presencié a pie de caja en un supermercado hace unos días entre la cajera y una señora de setenta y pico de años.

La empleada advertía a la clienta de que debería traer su propia bolsa de casa para meter la compra y no usar las de plástico porque contaminan el medio ambiente. Todo ello fundamentando su recomendación en un slogan de su empresa colocado en unos cartelitos por todas las paredes del autoservicio y que dice con texto fluorescente, POR UN PLANETA VERDE. La señora se disculpó y dijo que en sus tiempos no se sabía eso del planeta verde. Entonces la empleada, con los brazos en jarras, le espetó grandilocuente a quien podría ser su abuela ¡Claro, de ahí proviene todo! Su generación no cuidó el planeta y ahora nosotros pagamos las consecuencias.Tienes razón hija. En mi juventud no existía lo del planeta verde. Por entonces lasbotellas de cristal se devolvían a la tienda. De allí las mandaban a la fábrica. Se lavaban y esterilizaban para un nuevo uso, y así era como se reciclaba a mediados del siglo pasado. Pero tienes razón, nosotros ignorábamos lo del planeta verde. Subíamos a pie las escaleras porque no las había mecánicas e íbamos andando a la compra en lugar de coger el coche para recorrer doscientos metros.Igualmente caminábamos para ir al trabajo, al banco,a la botica... Lavábamos los pañalesy los pañuelos a mano porque no existían desechables. Poníamos al sol la ropa en tendederos porque no se habían inventado las secadoras eléctricas. En aquellos tiempos había una sola radio en casa en lugar de tres o cuatro aparatos de televisión como ahora. Las habitaciones tenían un único enchufe y no usábamos regletas de ocho tomas de corriente atiborradas de cables consumiendo energía a pelú. Las salsas se majaban en el mortero y el café se hacía en un molinillo a mano. No había electrodomésticos que lo hicieran. Cuando se mandaban cosas frágiles por correos se protegían estrujando papel de diario. No con corcho blanco o envueltas en bolitas de plástico como ahora. Los árboles se podaban con hachas. Que dicho sea de paso tenía cacaruca. Esas ruidosas motosierras que queman gasolina estaban por venir. Hacíamos ejercicio trabajando sin necesidad de ir a un gimnasio para correr sobre cintas eléctricas. Los productos empaquetados venían en sacos de arpillera o cajas de madera y no en envases de cartón plastificado. Cuando teníamos sed bebíamos del grifo o del botijo sin más vasos ni botellas de plástico que valga. Las cuchillas de afeitar se sustituían, en vez de tirarlas a la basura como las maquinillas actuales. Pero tienes razón hija. En mi juventud no había planeta verde ni que ocho cuartos. En aquellos tiempos, la gente cogía el tranvía o el trolebús que no emitían CO2 y los niños enfilaban a patitas el camino al colegio en lugar de tener a los padres como taxistas todo el día contaminando el aire. Tampoco necesitábamos satélites que nos mostraran en una pantalla donde ir a comprar comida basura. Era más sano un buen potaje y su pringá. Pero tienes razón. De planeta verde por entonces ni papa. No me extraña por tanto que consideréis a los mayores culpables de tanta calamidad medioambiental. ¡Que le vamos a hacer! A lo mejor si nos hubieran avisado con esos cartelitos tan monos que tenéis por toda la tienda la cosa hubiera cambiado. O quizás es que no los había porque por entonces no hacía falta ponerlos. No se hija. Aquí ya me pierdo. Bueno. Ahí te dejo con los dichosos cartelitos.Por cierto, no traigo bolsa de casa porque siempre meto los mandados en el carritode la compra que tengo ahí mismo detrás tuya. Ese de cuadros verdes ¿lo ves? Yo no gasto bolsas de plástico hija. Que tengas un buen día

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